No somos
hojas de hierba.
Hierba, sí:
la que no nace
de la mano del hombre
ni se educa
en los invernaderos
ni se vende
en los escaparates
de las floristerías.
Hierba, sí:
la que avanza
desde las profundidades
de las cunetas,
estropea tu conciencia
de la realidad
y te esclaviza
a las tijeras de podar
o a la guadaña.
No somos,
vuelvo a repetirlo,
hojas de hierba.
Hierba, sí:
Pero mala.
La mala hierba.
La que también, a veces,
crece en el campo.
La que se rebela
ante quienes intentan
controlarla.

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