Nada tienen que ver
los mitos del amor
con el amor
nada tiene que ver
la sed con el agua
que arrebata
ni la primavera con la flor
Y que se desprende del tallo.
Son solo ejemplos.
El amor tiene que ver
con la costumbre
de mirarse a los ojos
repetidas veces
el amor tiene que ver
con la costumbre
de buscar en los ojos
contrarios
el eco de un relámpago
o palabras amables
tras las máscaras
estrictas del silencio.
No tienen que ver con el amor
las prolongaciones del estío
ni las hojas que se desprenden
exhaustas de los árboles
ni las hojas que se aferran
como gusanos de los árboles.
Es un ejemplo.
El amor tiene que ver
con una casa aplastada
por la lluvia
con habitaciones a oscuras
y con charcos
con las tristes camisas
aferradas al vacío del aire
con los chalecos sin destino
empujados al fuego
con un par de ojos
sofocados en su espejo.
El amor tiene que ver
con la costumbre
de mirarse a los ojos
repetidas veces
y atizar las llamas
de los charcos
repetidas veces
y alojar la lluvia
en habitaciones oscuras
repetidas veces.
El amor tiene que ver
con huir de nuestras
habitaciones
con fundar en el barro
una nueva ciudad
para guarecernos
con vestirnos
en nombre del amor
con una nueva guirnalda
de granizos y con amar
en nombre del amor
los frutos y los árboles.
Nada tienen que ver
los mitos del amor
con el amor.
Nada tiene que ver el amor
con las palabras que engendra,
aunque bien pensado...
¿Habrá alguien que sepa
amar de verdad?

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