Agotados, descremados
y mordidos en el cuello
huyeron los bríos
que un día fueron horda.
Algunos dan la pata
y se hacen los muertos
sobre las baldosas,
sobrios, domésticos ya.
Otros se tornaron violentos
al lamer entrepiernas
contemporáneas:
rancias nuevas ideas.
Unos más fueron
recluidos y aguardan
el gesto benévolo
que los desenchufe
definitivamente del resplandor.
Los restantes
vagamos los caminos.
Por montes y barrancos,
por ejemplo, como gusta
al montañero cuando
busca el oro del exilio.
La dieta espinosa
del canto marino
nos ha tumbado el pelo
y recordamos viejas glorias
cual abuelos cebolletas.
Rengo y menguado ahora
debo aullar, medrar, ladrar
el sueño pagado de los turistas.

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