Miras la palma
abierta de tus manos.
¿Qué te dicen?
¿Realmente son tuyas?
¿No te interrogan
al interrogarlas?
¿No te miran, extrañas,
si las miras?
Mueves, mueven, un poco,
tus, sus dedos
haciéndote no sabes
qué señales,
como si pretendieran
desvelar sobre ti mismo
algún oscuro enigma.
Hay en sus huellas
más signos escritos
que en los libros
del mundo.
Te dan vértigo
sus trazos superpuestos,
ese afán por dar perfil
a cosas imprecisas.
Qué tormentas calladas,
qué relámpagos quietos,
qué seca lluvia,
qué raíces sin flor,
qué blandas piedras,
qué mirar sin ojos,
qué simas sin simas.
¿Dónde te llevan?
¿Hacia qué lejano
tiempo de qué principio
va tu mente?
¿Son tus manos
una prolongación
de tu conciencia?

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