Esperanza, aún palpitas
entre nuestras manos
porque no sabemos
pronunciar las ataduras
del término “resignación”.
Porque el presente
requiere de toda
nuestra energía
y nuestro oxígeno.
Ay, cómo titubeas
ante el vértigo,
con temblor
de manantial intacto.
Pero, ¿acaso tenemos
otra opción
que no sea hacer
de ti nuestro aliento,
que no sea mantenerte
como luciérnaga
ante nuestros pasos?
Esperanza, hoy estamos
citados ante una urna
y no pienso defraudarte,
espero que tú hagas
lo mismo conmigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario