Yo nací (pido disculpas)
con el dictador muy vivo
y crecí sin saber
la verdadera historia
de mi propia tierra.
La realidad mermada
cobró lustre ficticio
entre las vísceras
de un régimen
donde todo podía ser
considerado sospechoso,
un delito o un pecado.
Poco a poco fue llegando
hasta mi otra visión
muy diferente de la vida.
Con once años recuerdo
escuchar que en las calles
de París habían revueltas,
pero no tenía ni idea
de lo que aquello significaba.
Luego llegó la televisión
y con ella el asombro
cuando holló la luna
el ballet pintoresco
del primer astronauta.
La guerra de Vietnam
sembró de rojo
las aguas del monzón;
la tristeza alargó
su cinta métrica
con inborrables signos,
y el niño que yo fui
ya había cruzado la calle
para desvanecerse.
Luego llegó el amor,
también el aroma
inaudito de la palabra
Libertad,
el vil secuestro
del servicio militar...
Y a partir de ahí,
casi sin darme cuenta,
un lento apagón
que llega hasta nuestros días.
Como soplo de aire
que aventara las ramas
con una floración
de duermevelas,
devanaron los años
una quietud insomne,
repleta de tareas
que para nada servían.
Y es que sobra al olvido.
Envejeció conmigo
la dudosa verdad
de vuelo corto
y ahora lo vivido
es una polvareda
que se oculta detrás.
Sigo al borde de mí,
soy un mapa menguante
enclavado en la espera.
Ya no quedan preguntas
perentorias.
El futuro ya no es mío.

2 comentarios:
Magistral poema!!! Me encanto haber conocido a tu mejor amigo" tu sombra.
Navegamos en el limbo de la vida, sin mástil, ni faro que marque lo correcto.
Seguimos pensando en el mañana... nuestra droga.
El único faro es la conciencia, amiga mía. Y a veces ni siquiera somos capaces de guiarnos por su luz...
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