Narro los compases
que marca el alma
y en los que la vida
se encuentra y se descansa.
También cuando asalta
con fino pulso los registros.
Escribo a su dictado,
en el que me digo a mí mismo
y ausculto al mundo.
Tomo el pulso a las noches
con estrellas esparcidas.
Y el alma es puerta
que se abre,
también puerta cerrada,
llave que a nadie jamás confía,
sólo acaso a una música
que en el arte la busca.
La puerta se abre a mi paso
y adentro lleva.
No sé decir nada más
acerca de ella,
pero tengo la poesía.

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