Tras el triunfo de las derechas en las elecciones celebradas en España en 1933, algunos de los creadores partidarios de las reformas llevadas a cabo hasta ese momento por los dirigentes republicanos adoptan un lenguaje plástico cercano al realismo crítico. Avanzando un paso más y como consecuencia del estallido de la Guerra Civil, ese lenguaje se radicaliza con la finalidad de ejercer la defensa de la legitimidad del gobierno de la República.
El carácter testimonial del realismo social fue absorbido por su sucesor bélico, que se afanó en captar instantes de alto contenido dramático. Las víctimas fueron casi siempre encarnadas por mujeres y niños, los eternos afectados de los conflictos armados en general y también de nuestra Guerra Civil. En su mayoría eran representados en escenas de refugiados, evacuaciones y bombardeos, siendo estas últimas las más prolíficas.
El realismo bélico se concentró en retratar a los testigos de lo que estaba sucediendo en España durante la Guerra Civil, con el principal objetivo de denunciar la injusticia a la que estaban siendo sometidos. Destaca especialmente en esta temática la pintura de José Bardasano, “Evacuación”. La grandiosidad con la que representa esta retirada es épica y muy poco realista, como si rehuyera el dramatismo de la derrota y se dejará influenciar por el realismo socialista soviético. Vemos un enorme tanque con soldados y en el éxodo de los civiles sólo aparece una decidida mujer con su hijo a cuestas.

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