Los monstruos pueden dormir,
pero jamás
apagarán su hambre.
Las máscaras
pueden inventarse,
pero no durarán
para siempre.
La verdad que te libera
o te condena
definitivamente,
es indeclinable.
A mi me da igual
si tu caos dura
lo que dura tu dosis,
si tu mundo duerme
en el regazo
de un dios perfecto,
si tu sangre tiene patria
y late tradición
y buenos modos.
Serás lo que eres
y has sido para siempre,
tus palabras serán tu ataúd
y tu llave maestra,
tu amor real y tus fantasmas,
tu abrazo cordial
y tu puñal siniestro.
Si vas a mirarme a los ojos,
será mejor
que seas solemne,
que digas
lo que tengas que decir
y que claves tus alfileres.
No tengas dudas
de que si mi odio
lleva tu nombre en la frente,
lo tendrás pegado
a tu pensamiento
y será imborrable;
quiero oir tu maldito veneno,
ese que guardaste
cuando masticaste
rabia cínica
y silencio trémulo,
yo se muy bien
de tu hiel, tu control,
tu desprecio insoslayable,
tus muelles que crujen
cuando pretendes
que nadie los oiga,
tu espectro marchito
que germina solo
en tu oscuridad infecta,
tengo bien clara tu niebla,
tu ala reluciente
y tu luz bandida,
tus rincones inconsolables
y tu mórbida felicidad,
ya sé que no te sirvo de nada,
soy innecesario
en tus protocolos
y mi rumor es sólo
viento hueco
que apenas roza tu cabeza,
pero no tendrás la paz
que ahora mismo enciendo,
conocerás que significa,
pero no entenderás nunca
este espacio ensombrecido
donde el mundo
se desvanece
y tu alma se ve diáfana
aunque la tiñas con colorines,
carnavales o absurdos cuentos
que nunca jamás te creíste.

No hay comentarios:
Publicar un comentario