Va a empezar junio
con cielo poco nublado
o despejado, con periodos
de mayor nubosidad
en las regiones
donde las palabras
se deshacen y prolongan
la repentina coagulación
del miedo en los ojos.
Allá arriba, en el Norte europeo,
mientras el precipicio de la luz
incide en los rostros,
volviéndolos, por momentos,
versos de un poema,
el viento sopla
de débil a moderado
desde el cuadrante este
y alguien recuerda que, al final,
aquel era el lugar
donde morir es lo más sencillo,
otro verso la misma poesía,
un desastre nada natural
donde el hecho tan hermoso
de pronunciar un nombre amado
se silencia con el eco de las bombas,
el perfil más cruel y sombrío
del elemento corrector humano.

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