Al abrir la mañana,
nada pido, tal vez
el mapa blanco
de una nube
que dibuje al descuido
su textura,
la letra detenida
de una niñez ingrávida.
Y que esa nube un día
sea vuelo, que no duerma
el cansancio,
secreto fugitivo
en un cielo estepario,
lluvia fértil
saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante
del comienzo.

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