domingo, 29 de mayo de 2022

REFLEXIÓN: LE LLAMAN AMOR


Siempre he pensado que hay que darles a las personas y a las cosas nombres cortos y sencillos para que la palabra nos venga a los labios con obediencia canina. Pero lo cierto es que les podríamos dar otro nombre —otro cualquiera— Boby, Tejo o Lassie, como si fuera el amor una perra recién parida con las tetas decaídas rozando el suelo y en si, nada cambiaría. Un edén o un desierto, seguirían siendo lo que son aunque les cambiásemos los nombres. 

Da igual el que le demos al amor, el resultado sería siempre el mismo: Un tímido aullido mordiéndonos en mitad de la noche, la reducción mínima del abismo que puede haber entre dos personas. No conozco otra manera de superar el tiempo y sus relojes, los días y sus disgustos, sus migrañas, sus cifras de desempleo, sus turbulencias mundiales y sus injusticias, más que esa fusión de sentimientos, de cuerpos, de pieles y de sexos, ese espacio sin fronteras donde un milagro de tal naturaleza, lo llamen como lo llamen, florece. 

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