Ni tú ni yo somos
a veces razonables.
Por favor borra,
cuando esté enfadado,
de mis palabras la mitad,
domestica mis sentimientos,
y recoge todos los espinos
y los lodos.
Y créeme siempre
que te mire
con las flores, las lunas
y las estaciones en los ojos.
Ni tú eres razonable
a veces
ni yo tampoco lo soy.
A pesar de todo
siguen la risa, el cariño,
el amanecer y el atardecer.
¿Qué perderemos
si me das la mano
y las mías viajan
sobre tu oro labrado?
¿Qué perderemos
si nos lanzamos a volar
como dos pájaros,
sobre los campos?
¿Qué perderemos
si estampo un beso
en el rojo de tus labios?
¿Qué perderemos
si nos elevamos
como los místicos
al grado de arrobamiento
y encarnación?
¿Qué perderemos
si bendecimos juntos
la vida que nos ha tocado
y le agradecemos
a la suerte su regalo?

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