Tenía noticias del efecto que producían mis movimientos en el mundo pero no me lo creía, así que decidí comprobarlo por mí misma y emprender un viaje. Elegí ir hacia el sur porque era más cálido , más luminoso y, pensé, mi efecto sería más visible.
Conforme iba avanzando lo que encontraba me llenó de tristeza: hambre, enfermedad, miseria, guerra, violencia, dolor, tristeza, desesperación…y, todo ello decían que era debido a mi vuelo. Mi frustración fue tal que cuando volví, intenté arrancarme las alas de cuajo esperando así dejar de ser la causa de tanta desgracia. Pero justo cuando lo iba a conseguir, mi maestra llegó a tiempo para abrirme los ojos: no somos nosotras las culpables, es un bulo propagado por los humanos para quitarse de encima la responsabilidad por los males que causan.

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