Qué trato se puede esperar
de quien considera
a las personas herramientas,
de quien reduce sus cuerpos
a resultados de productividad.
Qué esperar, entonces,
de su respuesta al mugido,
al cacareo, al balido, al gruñido,
sino el encierro, el hacinamiento,
la hipermedicación,
las pústulas, la autolesión,
la agitación compulsiva,
la comida infectada
de compuestos químicos,
la mutilación,
el escaldado degollamiento
y el destino final
con la bandeja de poliespán
en el horizonte.
¿Te molesta leerlo?
Pues lo siento, pero
todo eso es lo que compras
cuando la adquieres
en el supermercado,
todo eso es lo que comes
cuando te llevas
el trozo de carne a la boca.


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