La luna anuncia
que se acerca
el final de cada día.
La herida de luz
que alumbra
el aire de mi calle
tras la ventana
ilumina la noche
como una linterna
que enseña
la ilimitada
profundidad
de la herida humana.
Alguien decidió
ponerle un nombre:
Y desde entonces
la llamamos Farola.
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