viernes, 23 de enero de 2026

POESÍA: NAUFRAGIO

 


Al final,

aquí estamos 

reuniendo los ritmos:

el eco resonante,

la sucesión 

de las sombras,

el crujir de las ilusiones. 

Volteamos la bola 

de cristal, y nos vemos

tratando de empujar

un barco de papel 

hacia su idea, 

pero la tormenta

siempre termina

por provocar el naufragio. 

Al final,

apagamos el lugar,

apagamos el poema

y si no tenemos

un mínimo de cuidado, 

nos apagamos nosotros. 

HISTORIAS MÍNIMAS: EL JUEGO


Unos cuantos monigotes de plástico danzan en el tablero. De vez en cuando, un movimiento inesperado y brusco los lleva de una punta a otra, alejándolos del objetivo. El jugador, erigido como un poderoso contrincante, ha esparcido ya clones de su feo monigote por gran parte de la superficie. Despliega su ejército de figurines de colores con forma de misil, sabedor de que le colocará en una situación aventajada con respecto al resto de  competidores. 

Se ha encaprichado de un blanco nuevo que no debería ser objeto del juego, pero él se inventa sus propias reglas y nadie se las discute. 

Impredecible. Humillante, amenaza a los adversarios. Tiene un juguete para desgastar hasta fundirlo. La figurita del misil rojo es la primera en llegar hasta la Gran Isla de Hielo, el resto observa. De fondo, alguna protesta ahogada. Tras ella, otras tantas fichas azules y blancas y un puño que se alza en el aire. La partida no ha terminado. 

jueves, 22 de enero de 2026

POESÍA: CONFESIÓN


Escribir es

mi manera viva de suicidio.

Escribir es

mi manera sagrada de rebelión.

Escribir es

mi manera íntima de pornografía.

Escribir es

mi manera profana de martirio.

Escribir es

mi manera vestida de desnudo.

Escribir es

mi manera carnal de armadura.

Escribir es

mi manera ruidosa de silencio.

Escribir es

mi manera cicatriz de la herida.



Si está de acuerdo

estampe su firma abajo. 

 

         _______𝑃𝑎𝑐𝑜𝑔𝑜𝑟_____




miércoles, 21 de enero de 2026

PINTURA: BERNARD BUFFET


Bernard Buffet (1928-1999) es un pintor francés personalísimo al que le suelen encuadrar dentro del movimiento filosófico del Miserabilismo. Nacido en París, entre las dos Guerras Mundiales, estudió arte en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts y terminó de formarse en la Academia/estudio del pintor Eugène Narbonne que había sido anteriormente su profesor en la École Nationale.

Allí tuvo como compañeros otros muchos pintores, como Maurice Boitel y Louis Vuillermoz, con los que mantuvo amistad durante toda su vida y con los que se encuentran ciertas características de estilo, sobre todo en los paisajes- Sin embargo Buffet desarrollo un estilo pictórico absolutamente personal y reconocible..


El movimiento del miserabilismo, al que se le suele adscribir, es un movimiento filosófico, que rechaza tanto las promesas de felicidad socialista, que se gestaron en el siglo XIX. que anunciaban próximo el “paraíso socialista”, pero que nunca terminaba de llegar, como la felicidad en el “más allá”, de los cristianos. Es por tanto un movimiento en la onda del existencialismo pilotado por Sartre y Camus. Los miserabilistas pensaban que la felicidad no es alcanzable y que por tanto cualquier esfuerzo que se haga por alcanzarla es baldío. Todo se reduce simplemente a la búsqueda de la comodidad y en el fondo, a resolver un aspecto meramente económico. Es un materialismo vulgarizado, en el que lo único que cuenta es la satisfacción de las necesidades más básicas, pues una vez estas están cubiertas, el dinero no consigue dar la buscada felicidad.


La vida pues, se reduce a la expresión más simple de la existencia, el mero hecho de vivir, sin tratar de alcanzar otras metas, salvo las meramente biológicas. El miserabilismo presenta un mundo negro y torvo que se contrapone al mundo rosa y bobo de los «idealistas». En la pintura ese movimiento se traduce, en la esquematización de las figuras, contentándose en economizar los trazos y la paleta a lo imprescindible para “dar vida” a las imágenes, pero dejando el lienzo exento de cualquier pasión, emoción o sentimiento.

Se dice que su estilo lo encontró después de la Segunda Guerra, cuando se iniciaba como pintor y la pintura le resultaba cara, por lo que la economizaba utilizando poco material y pocos colores, sólo el gris, negro, verde y sepia. Su pintura era por ello una obra áspera, punzante, de diseño picudo que conformó un estilo personal muy reconocible. Líneas rectas y secas. rostros grises, frentes arrugadas, el pelo liso o fino, las manos apretadas, sus personajes parecen crucificados.


martes, 20 de enero de 2026

POESÍA: ALARIDOS


Primero se oyeron las voces

en formas diversas salieron

hasta ser estruendo. 

Algunas decían 

plegarias a gritos

furias de palabras

a los viejos dioses

que ya antes habían 

oído plegarias tan iguales

a estas plegarias. 

La voz de la furia 

creció hasta ser grito

anunció la llegada 

del rito del odio

de los rezos de amor 

a los rezos del odio. 

Se conoce muy bien

el camino

el camino del odio

la sangre no lo borra

la sangre no llega 

a borrar el camino 

de los viejos odios. 

Entre una guerra 

y la siguiente guerra

la sangre y el odio y la pena

son caminos hondos

no se llenan nunca 

de perdón ni de tierra. 

La voz que era rezo

fue de repente voz de odio

y encontró muchas voces 

del color del odio. 

Se escucharon las voces 

antiguas del tiempo

sus ecos lejanos. 

En los calendarios

de cenizas de tiempo

guardan las voces antiguas

todas llaman a la sangre nueva

a la rabia nueva

a la nueva furia 

y a la nueva venganza. 

La misma salmodia

sin música

solo el latir de la pena 

acompaña el lamento 

de la letanía. 

Y así cubre el manto 

de sangre la tierra. 

Y así cubre el manto 

de dolor la tierra.

Y así cubre el manto 

de pena la tierra. 

Y así cubre el manto 

de estruendo la tierra. 

Y así cubre el manto 

de gritos la tierra. 

Y así cubre el manto 

de muerte la tierra. 

Y así cubre el manto 

de traición la tierra. 

Y así cubre el manto 

de terror la tierra. 

Y así cubre el manto

de horrores la tierra. 

Y así cubre el manto 

de espanto la tierra. 

Y así cubre el manto 

de luto la tierra. 

Y así cubre el manto 

de crimen la tierra. 

Y así cubre el manto 

de impiedad la tierra. 

Y así cubre el manto 

de infamias la tierra. 

La tierra del hombre

la tierra del fracaso del hombre. 

lunes, 19 de enero de 2026

POESÍA: BRUJAS


Las brujas bailaban 

en el bosque, 

animales aullando

en su guarida, 

hipnóticos conjuros

de letras inventadas 

y de fuego que avivó 

aquel alcohol, 

aquella música tribal 

de los ancestros 

que jamás tuvimos, 

reemplazados 

por las luces de neón 

y el gas turbio del festejo. 


Ardieron una a una 

en las hogueras

a las que fueron

arrojadas, 

con el fuego del cuerpo, 

con el humo

de colores y purpurina, 

el humo que cegó 

a quien no quiso contemplar

su aquelarre, 

a quien no quiso 

ver nuestro deseo, 

a quien no quiso 

abrir la puerta 

de un futuro por crear. 


Y entonces habitamos 

nosotros la cueva, 

rociando con zotal 

sus deseos

borrando las pisadas 

de los pies desnudos 

que danzaron bajo el ritmo

síncrono de pulsiones 

animales. 

Ya no será nunca 

de ellas este lugar, 

arderán por siempre 

en nuestras llamas... 


Eso creían muchos, 

pero se han dado cuenta

de que estaban

muy equivocados.

Eso explica muchas cosas. 


domingo, 18 de enero de 2026

POESÍA: PLANES


Uno comienza 

haciendo planes,

que enseguida 

confunde con planos, 

en los cuales

parecen figurar 

itinerarios,

que confunde 

más tarde con oráculos,

cuyo mensaje, 

confuso, 

acaba confundiendo

con órdenes 

de cuyo cumplimiento

parece depender 

el de sus planes.

En fin, un triste 

cuento de espejismos,

pero que todavía 

no ha acabado,

porque en el centro 

de este laberinto

aguarda, inconfundible, 

el minotauro.

PINTURA: JOSÉ BENLLIURE GIL


A menudo asociamos el arte académico del siglo XIX con escenas históricas, religiosas o costumbristas. Sin embargo, La barca de Caronte de José Benlliure Gil (1855–1937) nos sumerge en un territorio más oscuro y metafísico: el tránsito entre la vida y la muerte. Esta imponente obra es una representación visceral del mito de Caronte, el barquero del Hades, encargado de transportar las almas de los difuntos a través del río Aqueronte.

Caronte, en el centro de la composición, se alza como un viejo alto y delgado, vestido con harapos, que lleva una larga vara para remar y con la que castigar a las almas de los difuntos que protestan durante el viaje y que le acompañan. Alrededor de la barca se vislumbran en el agua las almas atormentadas de los muertos.

A primera vista, el lienzo es un torbellino de dramatismo. La escena se desarrolla bajo un cielo ominoso, teñido de grises y ocres sombríos que refuerzan la atmósfera de condena. La barca avanza pesadamente entre las aguas oscuras, cargada de almas en pena, envueltas en sudarios translúcidos que parecen disolverse en el aire. El protagonista indiscutible es Caronte, una figura cadavérica y musculosa, de mirada vacía y cabellos canosos agitados por el viento. Porta un remo que no parece propulsar la embarcación, sino dominarla como si fuera una extensión de su voluntad infernal.

Benlliure Gil, reconocido por su virtuosismo técnico y su sensibilidad narrativa, recurre aquí a una paleta reducida pero profundamente expresiva. Predominan los marrones oscuros, los ocres quemados y los negros azulados, matizados con veladuras que sugieren niebla y podredumbre. El claroscuro no sólo aporta volumen a las figuras, sino que dramatiza el conjunto: algunas almas parecen brillar tenuemente, como si todavía conservaran un rastro de humanidad, mientras que otras se funden con las sombras, resignadas a su destino.

Un detalle fascinante es la inclusión de figuras que se hunden o emergen de las aguas alrededor de la barca, clamando inútilmente por ayuda. Estas presencias espectrales intensifican el horror de la escena y recuerdan al espectador que no todos consiguen el paso al más allá; algunos se pierden eternamente en el olvido. A la derecha, una nube de figuras voladoras parece arrastrar a otras almas hacia el inframundo, ampliando el espacio narrativo del cuadro más allá del plano físico. A diferencia de otras representaciones de Caronte, aquí no hay redención posible ni esperanza al final del trayecto. Todo es inexorable, y el silencio parece envolver la escena como un sudario más.

La barca de Caronte no solo consolida a José Benlliure como un gran narrador visual, sino que anticipa, de manera inquietante, el simbolismo y el expresionismo que florecerían décadas más tarde. Es una pintura que no busca agradar ni reconfortar; al contrario, nos confronta con lo inevitable, con esa última travesía que todos, tarde o temprano, tendremos que emprender.