martes, 6 de julio de 2010

¿ES DIOS MORALMENTE NECESARIO?


¿Es realmente necesaria la moral religiosa para ayudarnos a distinguir el bien del mal y convertirnos en personas con una moralidad positiva? Desde mi óptica de ateo convencido, no lo creo necesario. Intentaré explicarme con algún ejemplo práctico:

Tenemos a dos hombres, quizá de edades parecidas. Son compañeros de trabajo, y con el tiempo han llegado a considerarse amigos. Llevan una vida que podemos considerar paralela: Ambos comparten vida laboral, uno de ellos está casado y el otro convive con su pareja, los dos son padres, hombres sencillos e inteligentes. El trato entre ellos es cordial, casi amistoso. Se respetan, aunque conocen sus diferencias de opinión en cuestiones que consideran importantes. Tienen un desarrollado sentido crítico. En su tiempo de descanso entablan conversaciones diversas, algunas frívolas, otras solemnes. Comentan las noticias del mundo, se lamentan por las injusticias, ponderan logros de la modernidad. A veces se cuentan batallitas de la infancia o intercambian anécdotas de su vida cotidiana, de las travesuras de sus hijos, de sus alegrías. Son miembros de la llamada clase media, no tienen más ingresos que los que consiguen con su trabajo, y aunque alguna vez llenan una quiniela en común, saben que lo que realmente vale la pena es lo obtenido gracias al esfuerzo personal.

Resulta evidente que son dos buenas personas, lo que los convierte en especiales, si es cierto que escasean las buenas personas. Pero hasta aquí llegan las similitudes. Hay un aspecto donde la diferencia es insalvable: El tema religioso: Uno es creyente, un católico firmemente convencido. El otro es ateo y defiende su postura con pasión. La disidencia alimenta discusiones entre ambos, aunque no permiten que llegue a minar el aprecio mutuo... ¿De qué modo la figura de Dios es importante para ellos? Si quitamos el domingo, por ejemplo, en el que uno asiste a misa y el otro lo aprovecha para un paseo matinal, no parece que tuviera incidencia real. Es cierto que el primero estará convencido de que su felicidad proviene de Dios; y para el segundo, cada ser humano se la debe forjar, ya que este bien no viene gratis en ningún pack de la vida.

Pero más allá de las anécdotas en sí, habría que preguntarse qué valor tienen éstas como evidencia: ¿que ambos sean buenos hombres es producto de la fe en Dios, como dice el primero? ¿O ser honestos, amables y felices resultó de una decisión personal y humana, ajena a lo divino? No parece relevante que uno de los hombres asevere que el “camino” de la felicidad está trazado por Dios, si es que el otro puede ser feliz y tener su propio sistema de valores sin divinidades en el horizonte.

¿Entonces la religión, la fe, son necesarios para la bondad? Sería absurdo atribuir a Dios los ‘buenos’ actos del segundo cuando reniega de su existencia. Ante la aseveración de que la bondad tiene origen divino, uno podría cuestionarse: ¿Por qué sólo la bondad y no también la maldad? ¿Por qué no sería el hombre el verdadero dueño de su bondad, si es él realmente quien la cultiva o la desprecia y en cada oportunidad que se le presenta es libre para elegir entre las dos opciones?

Si la bondad y lo que se llama felicidad (en realidad, las cosas buenas y los momentos felices) son posibles en los dos hombres, aun cuando el primero ‘tenga’ a Dios y el otro no, un buen experimento sería proponerle al primero que deseche a su Dios. Posiblemente así descubramos si estas virtudes tan humanas son posibles o imposibles sin religión, sin Dios, sin fe. Al no tener esa referencia, ¿dejará ese hombre de ser una buena persona? Quizá el descubrimiento resulte en aquello que tan bien expresó Steven Weinberg, premio Nobel de Física en 1979: ‘Con o sin religión, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión’.

En realidad, la historia nos enseña que el experimento se ha realizado ya en gran escala y en ambos sentidos: Pensemos en los regímenes del comunismo real que se declararon ateos. Lo primero a destacar es que resulta insensato instar a nadie a creer o que deje de hacerlo, pero a lo que las reflexiones de hoy atañen es que, por ejemplo, también es igual de insensato pensar que durante las décadas de régimen soviético (ateo por naturaleza), no hubo gente con altos valores, respetuosa con la justicia, preocupados por el bien de los demás, y con una ética surgida de su propia valoración social...

Otro ejemplo, en sentido contrario: Las estadísticas indican que hoy más de la mitad de los alemanes se declaran no creyentes, datos que contrastan con lo que sucedía en los años cuarenta del siglo pasado en el apogeo del nazismo, un partido que se declaraba encendidamente católico. La pregunta pertinente es si había mejores personas en ese país en aquellas infaustas fechas o ahora...

En realidad, si todos los habitantes de este planeta se pusieran en bloque de acuerdo para ser creyentes o no, sería algo que esencialmente no cambiaría nuestra vida. El concepto de moral no tiene que ver con la religión, porque en ese sentido daría lo mismo que Dios existiese, o la idea de su existencia se suscriba al ámbito estricto de la fe. Y si la moral está por encima de la religión, la Iglesia no tiene la exclusividad de valorar moralmente a sociedades o individuos. Pero parece que cambiar eso va a costar aún Dios y ayuda.


6 comentarios:

Antoniatenea dijo...

En muchos puntos te voy a dar la razón pero en el último punto,no, léase:

"En realidad, si todos los habitantes de este planeta se pusieran en bloque de acuerdo para ser creyentes o no, sería algo que esencialmente no cambiaría nuestra vida."..

Aquí yo ataco: la religión, no la católica ni la mahometana..ni las hinduistas ni una en especial, ¡absolutamente todas! han creado un mecanismo , un artefacto en el cerebro de algunas personas para que lacreencia en dioses se asocie a unas reglas , normalmente rígidas por las cuales se han infringido y se infringen muchos males en la sociedad. A la mujer se le ha ninguneado,oprimido y humillado , se ha lapidado a inocentes, se ha quemado a presuntas brujas, se ha marginado al que observó la circulación humana (Servet), por ejemplo, o se ha eliminado a todo aquel que ponía en peligro cualquier norma rígida que se trazó arbitráriamente o intencionadamente , transmitiendo esto mediante unos emisarios de la voz del dios de turno, léase apóstoles o quien fuera..Imaginaos a Copérnico que lo único que pretendió explicar es que la Tierra era redonda y fue condenado..o a un homosexual incluso se le ha torturado o exterminado por el mero hecho de que lo sea.

Para mí la religión ha sido y será una lacra y la creencia en un dios, que debería ser simplemente un asunto de las miles de preguntas que nos formulamos el ser humano, se convierte por las religiones en un problema absoluto que revierte en contra de nosotros.

No es verdad que la religión sólo haya producido males, no. Gran parte de nuestra cultura y arte son gracias a ella y eso es un tesoro. Y gran parte de personas religiosas están en todo el mundo ayudando a todo el que pade en misiones o proyectos, eso hay que decirlo también.

Y no, en absoluto es necesario un Dios moralmente, a mí no me hace falta ninguno.

Rita dijo...

Yo me quedo con; ‘Con o sin religión, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas. No solo porque lo dice alguien que tiene un premio Nobel, además lo creo así por mi edad y experiencia, nada que ver la moral y la religión. No estoy en contra de ninguna religión pero creo que lo único que tiene de positivo para el ser humano es el consuelo de no estar solo en momentos de apuro, eso para los muy creyentes, claro está, los otros nos la arreglamos como podemos...............

Manuel Adlert dijo...

La religión tiene mucha importancia en la sociedad actual (y en la pasada, y en la futura), porque está basada en un sentimiento muy humano: el miedo a la muerte. Es consolador, pensar, que después de morir, tenemos "otra vida". Si, además, le añadimos el premio o castigo, podemos darle un componente moral.
A mi, me gustaría creer, soy ateo a mi pesar.
Recuerdo un diálogo de Woody Allen

- Dios me proporciona un sentimiento de culpa
- Pero, tú, crees en Dios?
- No, por eso tengo sentimiento de culpa.

Manuel Adlert dijo...

El único consuelo que nos queda es pensar que todos dudan. Hasta el Papa, alguna vez, se preguntará:
¿qué hace un chico como yo, en un sitio, como éste? ¿y con estas pintas?
Los verdaderos creyentes deberían estar deseando morir. Ya lo decía San Juan de la Cruz:
Vivo sin vivir en mi,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Martha Lucía dijo...

Es sumamente interesante leerte,creyente absoluta como soy,con la claridad de mi fe,puedo decir que mucho de tu dicernimiento es bien cierto,ser bueno es una desicion personal y es lo constata tanto sr humano que sobresale en tan diferentes circunstancias ,en culturas tan pero tan distintas.

Ahora, la moral es una cuestion totalmente aparte,se disfraza,se acomoda y es tan de cada quien como las huellas digitales,hay quien escudandose en Dios pondera atrocidades ,pero lejos de ser cuestion de creencia o fe ,no es mas que una percepcion propia,una eleccion,o simplemente una cadena de equivocacion.
Asi las cosas uno es lo que es porque con los argumentos anexos,se forma lo que se vive,y Dios necesario para la moral no es,pero sin el dudo mucho que siquiera el concepto se pudiera como ahora cuestionar.

De acuerdo en mucho,difiero en poco,pero aun asi tu ateo yo creyente ,tenemos un lazo de amistad que se dio por reconocernos seres humanos buenos por eleccion sin que importara lo demas y eso ocurre en cada ciudad ,en cada punto terrestre de esta proliferamente hermosa humanidad.
Un abrazo.(creo,yo creo)

Pacogor dijo...

Sabía que en este punto concreto discreparías, Martha. En realidad el concepto de moral ya existía para el ser humano mucho antes de la llegada del catolicismo. Sólo hay que mirarse en la importancia que tuvo para los filósofos griegos, por ejemplo. Pero no voy a cometer la osadía de convencerte. Te respeto demasiado como para planteármelo siquiera. A estas alturas jamás osaría clasificar a un ser humano en base a sus creencias más íntimas. Sólo aspiro a estar a su altura si de una buena persona se trata. Y este es el caso, querida amiga...