Alguien lleva
una piedra escondida
en el interior de su mente
y se acerca
cargando ese peso
a una playa sin nadie,
y procura que el agua
le limpie los zapatos,
que el barro se vaya,
que no queden
pavesas ni grumos,
que el sopor
del camino se acabe.
Alguien tiene
escondida una piedra
en el interior de su mente
y la toma en la mano,
la mira,
el cansancio lo cansa
y no quiere caminar
arrastrando ese peso
que le impide
vivir o avanzar,
conocer lo que quede del día.
Alguien deja
en la playa esa piedra
que le pudo enseñar
lo que sabe,
la acaricia por última vez
y se aleja pensando
que el tiempo
desde ahora
será diferente:
más ligero o más limpio,
y desde luego más claro.

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