Tómese la vida
relativamente
cada ocho horas,
rehuya las tempestades.
No deje de realizar
ejercicios espirituales
y de confrontación de ideas.
Descarte de su dieta diaria
los pensamientos grasos.
No se fíe de las
apariencias propias
aunque se presenten
con discursos elaborados,
no le ponga velas a nadie
porque le diga lo que usted
quiera escuchar.
Y pida cita a ciegas
para la próxima consulta.
Si todo va bien,
volvemos a vernos
dentro de un tiempo,
de aquí a la Eternidad.

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