Esos cuerpos esbeltos
que toman
el sol en la playa
podrían conseguir
que a simple vista
uno pudiera equivocarse
y quedarse en la superficie
al sacar conclusiones
sobre su significado.
Creer en su pureza,
venerarlos con la fe
de los creyentes.
Podría uno
erróneamente,
confundir sus torsos
con las dalias,
o con la leche que brota
del seno adiposo
de una madre.
Sin embargo,
igual si escarba
con empeño,
podrían surgir,
como seres
entre la niebla,
el grito, el llanto,
la infancia mal curada,
el murciélago,
el dolor físico o siquico,
el horror de unas mentes
que disfrutan
haciendo daño.
Porque no se trata
de la apariencia física,
sino de lo que cada cual
guarda dentro y sale
a la luz como un torrente
cuando no puede evitar
mostrarse tal y como es.

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