sábado, 19 de septiembre de 2026

POESÍA: MEDIODÍA


Las luces del verano
se apoderan del aire, 
de los cuerpos. 
Mediodía,
reflejo de aguas verdes.
Un resplandor 
de brasas y cenizas.
¿Quién nos vela el mirar? 
¿Qué extraña música
nos envuelve en sus ondas? 

Es el miedo,
miedo a perder la vida,
temor a irnos
gastando en el empeño,
en este declinar irremediable,
sin pausa, audible 
apenas, del estío.

Ahora cierro los ojos,
y se ilumina el cuarto 
desde donde contemplo
la muerte de la luz. 
Y esos hombres que pasan:
¿quiénes son 
esos hombres acosados
por deidades impuestas? 
Y si es así:
¿cómo olvidar sus gestos, 
sus dolencias?

Pero el día no sabe del dolor.
Un puro discurrir, 
se entrega y basta.
Lavado por el agua,
por la luz, sin violencia,
hoy nos llega 
con destino de hombre.
Y existiendo se irá, 
desnudo, intacto;
como un cuerpo tendido
se nos brinda, 
y al darse ya cumple, 
se consuma, desfallece
bajo el silencio 
púrpura del sueño.

Cuánto esplendor aún, 
cuanta insistencia
la del mundo en ser luz; 
el tiempo, humo;
la del hombre en abrirse,
generoso a los demás, 
que pasan y al fuego, 
que perdura;
la del amor en darse 
como miel o veneno,
eterno y siempre verde
como selva.

No hay salida.
Muchas han sido ya
las sendas transitadas.
Es preciso elegir: 
cómplice o reo.

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