Ya no amo nada
que no me quepa
entre las manos,
si exceptuamos
a algunos animales
y a seres humanos
abandonados por la vida.
Ahora prefiero
las cosas pequeñas,
porque se han convertido
en la causa de mi ternura:
las gotas de lluvia,
el insecto perdido
en medio de la acera
y que devuelvo al jardín,
el corazón con forma
de abeja que revolotea
entre las flores
limpio de sangre.
Cada cual lleva
las de perder
en su propia historia:
¿qué problema hay
en guardarle un lugarcito
dentro de mí?
¿Por dentro todo el mundo
no trata de ocultar algo,
de meter de contrabando
a alguna bestia cálida?
Echo de menos
a quien más quiero
en la soledad
de mi propia habitación,
pero eso no significa
dejar que mis ojos
se cierren a la existencia
de los más débiles.
Buenas noches, ventana.
Buenas noches, pared.
Buenas noches, noche.
Perdón por estar triste,
aunque otros tengan
motivos más poderosos
para estarlo.
Todo el mundo
lleva las de perder
en su propia historia,
hay que aprender
a no perderse y obligarse
a seguir adelante.

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