En el final, Dios miró
lo que había hecho
y vio que era malo.
Al hombre y a la mujer
creados a su semejanza,
reyes de las bestias
que poblaban la Tierra,
los privó de alimento
y reproducción.
Y pasó la tarde
y llegó la mañana.
Así se cumplió el primer día.
Entonces Dios dijo:
Que las aguas se colmen
de azufre y los cielos
de venenos.
Así que falleció la vida
marina y aérea.
Se cumplió el segundo día.
Que se apaguen las luces
que separan
el día de la noche.
Y eso fue lo que sucedió:
el estallido de la estrella,
el satélite lunar,
las estaciones,
los días, los años
el tiempo.
Al cuarto día, el uranio
abortó las semillas
y la vegetación,
Dios inundó la tierra seca;
al quinto, reunió
las aguas del cielo.
En el sexto, vio la luz cruel.
Luego sumió al mundo
en las tinieblas
de las que lo había creado.
En el séptimo día
de la destrucción
Dios descansó y se fue
con la idea de haber
obrado algún milagro.

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