martes, 18 de agosto de 2026

POESÍA: LO QUE QUEDA

 


Me produce 

una inmensa pena

pensar en lo que queda.

Lo que queda de mi vida.

Lo que queda del mundo.

Pienso mucho 

en lo que queda 

y en lo que no está.

Pienso en las ballenas.

En si existirán en el futuro.

Pienso en los niños 

que crecerán estudiando 

un mundo virtual.

Niños que conocerán 

los glaciares 

en las imágenes de internet.

Y aprenderán que los osos 

hurgaban en la basura.

Y que los salmones 

confundidos flotaban 

en corrientes desatinadas.

Sabrán de las algas marrones

y del mercurio que yace 

en el fondo del océano. 

Junto a toneladas de desechos.


Niños que habitarán 

un mundo diferente. 

Una tierra vaciada.

Pero el verano.

El verano es diferente.

Es un momento de pausa. 

Ir a la playa o a la montaña.

Llevar a los niños.

Armar castillos de arena.

Y de regreso, el cansancio.

Dormirse con los cachetes

rosados de sol. 

Ese sol que queremos 

pensar benevolente.

Porque nos trae recuerdos 

de la infancia.

Y sin embargo...

El mundo arde

y la vida se seca, lenta,

pero inexorablemente.

También la mía,

aunque esto último

sí que es inevitable.


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