Nunca he visto
gozosa a la discordia,
su afán por destruir
las relaciones humanas
no tiene límite.
No conozco el olor
que tiene el campo
después de la batalla.
Nunca he visto
de primera mano
edificios o vehículos
destrozados por las bombas
ni gente vagando
como perdida
entre los muertos.
No conozco la voluntad
de ser invulnerable
ni el estupor
que nace con la herida,
ni el horror de mirarle
a los ojos a la muerte.
Y porque lo que ansío
con toda mi alma
es que nadie tenga
que sufrir
tales experiencias
condeno con todas
las fibras de mi ser
la industria de la guerra
y a quienes propician
el uso de las armas
para dirimir conflictos.

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