Bienaventurados
los que aún sienten
latir su corazón
porque este mundo
está lleno de espinos
que hilvanan con alambre
las desgracias,
porque en invierno
hay trampas y cartones
en los labios de los parques
y en las curvas,
porque hay graves bocinas
que nos riñen,
porque hay relojes sucios
muy roedores,
porque hay ceniza fría
que fue carne,
porque a veces
el suelo se cuartea.
Saldemos los diplomas
y los ídolos
en el umbral del templo
más lujoso
y bienaventurados
los que sienten expandir
su alma,
los que viajan sin mapa,
sin destino,
los que aman
sin urgir el estertor,
los que brindan su paz
y hacen ofrendas
sin esperar
a cambio el paraíso.

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