En esta tarde
que respira la extrañeza
de un verano
con el cielo
cargado de nubes,
he de reconocer
mi absoluta
falta de interés
para describir
lo que significa el amor
con un poema.
No se escribe versos sobre algo
que ni se experimenta,
ni se tienen ganas
de volver a sentir
en el poco o mucho
futuro que al poeta le espera.
Así que me despido
de los poemas sencillos
que te describirían,
mujer que no existes,
con la voz queda
de la gente humilde.
No quiero ver tus pies
descalzos en la arena,
ni escucharte
llamar por su nombre
a las abejas,
ni saber del perfume
de tus pechos,
ni cómo guardarías
los besos en pañuelos.
No me interesa saber
si lees en la cama
o si prefieres
las novelas o el arte
a las series de televisión.
No te conozco
y tampoco lo deseo.
No sé si estás en algún lado,
si te cruzas conmigo
por la calle o si esperas
detrás de una pantalla
encontrarte a alguien
como yo.
Olvídate, olvídame,
esta es mi despedida,
aún antes de que ese
hipotético encuentro
pudiera producirse.
Nunca te amaría
y tampoco podría dedicarte
un poema de amor
porque es un sentimiento
que ya no me interesa
y, por tanto, no los escribo.

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