Parece polvo
lo que respiran
los refugiados saharauis,
partículas de arena
suspendida
que se cuelan hasta
el fondo de sus tiendas
y sus almas.
Parece polvo
pero si lo fuera
bastaría con sacudirlo
de los techos de lona
para que no se acumulase
en capas sucesivas
de dolor y de vergüenza.
Parece arena dorada
flor del desierto
esa mentira arrastrada
década a década
esa promesa incumplida
dormida
como los sueños
de los que nunca más
abrirán los ojos.
Parece polvo de arena
talismán de trashumancia
sí
lo parece
pero si lo fuera
esos ojos seguirían
abiertos, expectantes
dispuestos a mirar de frente
a los que solo
guardan para ellos
balas de fuego
y de miedo
o a quienes una vez más
les traicionan incluso
llamándose a si mismos
gobierno progresista.

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