Primero nos amaron
como a santas
en los vaivenes del espíritu,
nos convirtieron
en un instrumento
de comunicación
en la distancia.
Símbolos de la paz,
nos definieron.
Ahora, sin embargo,
nos detestan,
nos llaman, con desdén,
ratas aladas.
Nosotras solo somos
las de siempre.
Y nunca, nunca
hemos dejado
de tenerles miedo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario