Llegar a la puerta,
este sitio, a mi hogar.
Ponerme cómodo,
vestirme la ropa
de andar por casa,
utilizar los acentos
donde corresponde.
Dejar mi estado
de ánimo abandonado
a las habituales variaciones
que modifica el clima.
Repasar el barrio
sabiendo que nunca
encontraré lo que busco.
Aposentar mi silencio
en el barullo indiferente
de las obras de la calle
saludar con apretones
de estima
a los que conviven
en mi biografía.
Es como llegar
de nuevo a mi cuna.
Desde aquí el caos
lo explica la costumbre.
Otra vez soy yo,
el futuro es inevitable,
eso es la vida
habiendo un lugar.
Las rebeldías periódicas
tienen nuestras cárceles
los muertos familiares
nuestros cementerios
las llegadas
nuestras estaciones…
Son las mismas
que sirvieron al partir.

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