En los viejos
armarios enlutados
se apilaban enigmas
y manteles
que olían a pobreza
y caciquismo.
Las cosas,
despertando de su sueño,
nos quisieran hablar
de lo que saben,
que es incógnito y mustio,
pero ya casi han olvidado
las palabras.
Tararean
la música de antaño
para significar
lo que se quiera,
qué más da,
si muchas tradiciones
se están perdiendo
para las generaciones
futuras.
Hasta que al fin
el paso de la noche
devuelve a los espejos
la terrible
oscuridad de un mundo
en que todo se universaliza
por imposición
de quienes lo dominan.

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