Volverán a dibujarse
las estelas
en el azul del tiempo.
Volverá la espuma
a dividir el horizonte
entre lo que se quedó
por vivir y lo vivido,
entre la caricia del sueño
y el abrazo del agua:
el mar
(estrecho
para las manos amigas
y prohibido
para los que no pueden
rozarlo con los labios).
Volverá el viento
que nos mece
y nos arrastra,
la luna
en cuarto menguante
y retadora,
los dragones alados
el foso navegable
que nos protege
de miedos antiguos,
la frontera
donde nos golpeó
la visión de la miseria,
el laberinto
donde nunca nos perdimos
con su olor a especias
y a sherezades
que no vivieron
las mil y una noches.
Volverán,
yo sé que volverán:
la memoria será generosa
como siempre
y guardará el perfume
de todos
los frascos derramados.

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