Él la contempla
siempre a la misma hora,
sentado
en la silla gastada de un café
ensayando ternuras.
Ella cierra los ojos
donde estallaron las flores
y dormita
coronada por pájaros libres
lista para romperse
con la enseñanza agridulce
de una vida anterior.
Y yo, que vivo
donde las aves se encuentran
viendo pasar las nubes,
veo que, a pesar de todo,
el amor es amor.

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