Dentro de la espectacular evolución que se produce en las artes figurativas, desde la aparición del impresionismo hasta la Primera Guerra Mundial, surgirán corrientes artísticas denominadas "fantásticas" (pintura metafísica, dadaísmo y surrealismo) que entienden el arte no como un instrumento de representación, sino como un medio de investigación que conduce a sensaciones inalcanzables de otra manera. En esta categoría se sitúan los llamados "Primitivos Modernos" artistas que le confieren al lenguaje naif la cualidad de arte mayor.
Entre los precursores de este estilo se encuentra Henry Rousseau (1844-1910), un inspector de aduanas, autodidacta sin formación específica, aficionado a pintar los fines de semana en sus ratos libres. En sus cuadros el contexto era sobrepasado por la magia y el misterio, no existen fronteras entre la realidad y los sueños. Su influencia fue enorme en la vanguardia posterior y abrió nuevos caminos al arte moderno.
En España, la huella de Rousseau abre paso a destacados autores, aunque hasta los años 70 se le consideró un arte extraño e incomprendido. Vencidas las resistencias iniciales, la nómina de artistas es inmensa y las creaciones de este arte singular se manifiestan con vigor en exposiciones, ferias y salas de arte mostrando una realidad paralela que intenta hacernos la vida más bella.
Entre los artistas más destacados figura la canaria Ángeles Violán Acevedo, nacida en Los Realejos y residente en el Puerto de la Cruz. En los años 80 descubrirá la pintura naif y asume este lenguaje como propio desarrollando un estilo peculiar, libre y genuino. La contemplación de su obra nos acerca a la belleza, el color, la armonía y la frescura. Y también al amor por Canarias y la riqueza y variedad de sus paisajes, gentes y tradiciones.





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