Hay animales muertos
pegados al asfalto.
Son seres despojados
del latido y del hábitat,
seres ejecutados
por la prisa de otros seres
con alma de alquitrán.
Suena un claxon estridente,
lo ignoran los oídos saturados
de los hombres y las bestias.
Ya nadie escucha.
El claxon predica en el desierto.
Hubo arboleda
donde hay autopista;
solo quedan carriles,
líneas continuas,
señales, prohibiciones
que recuerdan
las reglas de un juego
donde matar de esa manera
no está prohibido.
Hay animales muertos
pegados al asfalto.
Son seres transmutados
en trozos de carne inerte,
carne olvidada,
carne que a nadie preocupa,
carne que nadie retira
ni siquiera
hacia el arcén.
No queda tiempo
para velatorios,
el botón de la pausa murió.
Hoy todo es estruendoso.
Ya nadie escucha
y todo se deja atrás
a la máxima
velocidad posible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario