Nos vendieron
el sueño de ser niños
con tramposos
chupetes de colores,
con álbumes de cromos,
peladillas
y sencillos cuadernos
de dos rayas,
que emborronaron
luego abruptamente
llenándolos de normas.
Nos vendieron
el sueño de ser ángeles,
de poder alcanzar
la savia de los astros
hasta nacer los labios
a un beso indisoluble,
de emular a los pájaros
y predicar con ellos
el regalo de un mundo
sin fronteras.
Nos vendieron
el sueño de volar
y luego descubrimos
que el reuma y la artrosis
carcomían los huesos
en su infecundo empeño
por transformarse en alas.
Nos vendieron
el sueño de ser hombres,
de ganarnos el pan
con el esfuerzo
de la lucha diaria
para poder ser libres;
pero querían
máquinas y autómatas,
un rebaño de esclavos
sometidos al burdo
vendaval de su barbarie.
Nos vendieron
el sueño de soñar
y también nos mintieron.

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