La dama del invierno
ha abandonado sus joyas.
Como fruta madura
cayeron las perlas,
sortijas y pendientes.
El grueso abrigo
se deslizó despacio
por sus hombros delicados.
Ha empezado el rumor
del cauce impetuoso
de los ríos.
Los pájaros celebran
la llegada
del estallido de vida.
Se asoman, picotean,
no paran de contarse
sus asuntos.

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