Cuando llegan a la costa
esas borrascas
donde se avisa
de fenómenos
meteorológicos costeros,
el mar nos muestra
a la gente de tierra
todo su poder destructivo
y de impresionante belleza.
Olas enormes se abalanzan
sobre el malecón
y arrastran enormes piedras
hasta la arena de la playa.
Uno pasa
y de pronto lo asaltan
gotas de agua y sal
pesadas como garbanzos.
El espectáculo
resulta fascinante
para la vista y el oído,
pero invita a la precaución
y a disfrutar del mismo
a una distancia segura.
Lo contrario nos desliza
por la vía del absurdo
hacia la meta de abrazar
la muerte estúpidamente.
Así de corto y punzante
he querido escribir este poema,
quién sabe si por el hecho
de leerlo, un día
te pueda salvar la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario