Aguarda el viajero
la anunciada llegada
de los barcos que regresan
de lugares lejanos.
Inquiere noticias de la lluvia,
observa las bandadas
de pájaros que le anuncian
otro invierno en un lugar
que cada día
se le vuelve más extraño.
Recibiría gustoso
un mensaje encerrado
en una botella,
partiría también
él hacia la aventura.
Cree poseer
las cartas precisas.
Cree poseer tantas cosas.
Y no posee ni una
sombra de alegría.
Ruedan para él las olas
y los guijarros,
arrastrados en la orilla,
chocan y chocan
con un ruido de pasos,
con un ruido de tinieblas.

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