El derecho internacional está construido sobre la posibilidad de lanzar una bomba atómica, o sea, la fuerza: Si tienes la bomba puedes estar seguro de que te dejarán en paz. Y lo harán en base a una convicción conocida como MAD (Destrucción Masiva Asegurada, en sus siglas en inglés), un término que, poniendo un poco de imaginación, podría calificarse como muy poco tranquilizador.
Por eso, Estados Unidos y su ejército pueden acogerse al tratado internacional que más les apetezca, pactar con los socios que prefiera, firmar acuerdos o pertenecer a organizaciones como la ONU... Y hacer lo que les venga en gana, asumiendo la doctrina de que nadie se lo podrá impedir a riesgo de ser aplastado por la fuerza.
Es puro darwinismo, no ideología. Estados Unidos es el niño grandullón del recreo que en principio se compromete como todos a no quitarle el bocadillo a nadie para tener una convivencia estable y en armonía, pero que incumple la norma en cuanto le entra hambre. Y ahora el hambre parece habérsele vuelto insaciable. Imaginen lo que sucedería si de repente surgiera una nueva pandemia más violenta y mortal que la covid y en la que solo España tuviera mascarillas. O que alguien en la Casa Blanca considerase a Canarias como un punto estratégico para el control estratégico de esta zona del Atlántico o del continente africano. Veríamos lo que quedaría del derecho internacional.
Pero ya es que ni siquiera haría falta esa emergencia, basta con el capricho de un zumbado. La ley solo existe mientras gente así no tenga la apetencia de ejercer sin más el poder y no haya nadie que le infunda un mínimo respeto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario