Al final,
aquí estamos
reuniendo los ritmos:
el eco resonante,
la sucesión
de las sombras,
el crujir de las ilusiones.
Volteamos la bola
de cristal, y nos vemos
tratando de empujar
un barco de papel
hacia su idea,
pero la tormenta
siempre termina
por provocar el naufragio.
Al final,
apagamos el lugar,
apagamos el poema
y si no tenemos
un mínimo de cuidado,
nos apagamos nosotros.

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