Marc Chagall es uno de los artistas de renombre que representaron el mundo del circo en su obra, incluyendo a Georges Seurat (1859-1891), Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901), Georges Rouault (1871-1958), Kees van Dongen (1877-1968), Pablo Picasso (1881-1973), August Macke (1887-1914) y Fernand Léger (1881-1955). Influenciado por el cubismo, el fauvismo y el expresionismo, con una obra mística e inclasificable y un estilo original e independiente, el artista ruso desarrolló un lenguaje propio, evidente también en su amor por el arte orgánico del circo como espacio para la representación artística, el ocio y el entretenimiento. Chagall consideraba a los payasos, equilibristas, acróbatas y actores como seres humanos en todo su lirismo y tragedia, como personajes de ciertas pinturas religiosas.
A lo largo de su prolífica carrera, Marc Chagall (1887-1985) recurrió una y otra vez a la vívida imaginería de acróbatas, payasos y artistas fantásticos, transformando el circo en una metáfora de las complejidades, alegrías y tristezas de la experiencia humana. Es el “más poeta de los pintores” crea un universo propio lleno de optimismo, amor, magia, risas, infancias felices. Por eso él mismo se fascina con el brillo y la fantasía del circo y la recrea incorporando los personajes de su mitología personal como gallos, violinistas, peces, amantes.
Desde su infancia, cuando veía a los acróbatas en las calles de la ciudad rusa de Vítebsk, donde vivía con su familia, Chagall se sintió fascinado por el circo. Encontraba un placer infinito al representar su esplendor visual. A lo largo de su carrera, la contemplación del evento le despertó una gran energía creativa, y algunos de sus lienzos más importantes son representaciones fantásticas que exageran la pompa del espectáculo.
El tema del circo apareció en la obra de Chagall ya en la década de 1910, reflejando sus experiencias con circos ambulantes durante su juventud en Rusia. Como en gran parte de su obra posterior, estos recuerdos y, en apariencia, imágenes alegres, se fusionan con la nostalgia y una sensación de pérdida. Imágenes que se convertirían en símbolo de una vida perdida en Vítebsk, por la que se hizo famoso —la cabra, los amantes— aparecen en todas sus escenas circenses.





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