miércoles, 7 de enero de 2026

PINTURA: JOHN ATKINSON GRIMSHAW


John Atkinson Grimshaw es un artista de la época victoriana que adquirió fama por sus sombrías vistas de muelles y sus escenas nocturnas de callejuelas urbanas con desnudos árboles que se recortan contra el cielo iluminado por la luna.

En realidad, Atkinson Grimshaw puede catalogarse como el pintor de la luna. En la mayoría de sus cuadros —paisajes urbanos nocturnos— aparece nuestro satélite brillando en el cielo. Esto lo encasilla dentro del Romanticismo, aunque por supuesto puestos a encasillar, podemos hacerlo en otros estilos decimonónicos como el realismo (la influencia de la fotografía es palpable) o el impresionismo.

Noche con luna es un magnífico ejemplo del estilo personal creado por Grimshaw, que se especializó en pintar avenidas iluminadas por la luz de la luna, calles en sombra y caminos mojados por la lluvia, con el fin de crear composiciones atmosféricas de marcado sello individual. La casa que se ve en este óleo es probablemente ficticia, inventada por el artista, basándose en una combinación de estilos que observaría y asimilaría. A menudo incluía una figura solitaria que añadía a la escena una sensación de contemplación y ambigüedad, invitando al espectador a imaginar una narrativa, a analizar los pensamientos y los sentimientos del personaje y a meditar sobre su caminar en una noche perdida y solitaria. Transmite una sensación de aislamiento y, a la vez, de libertad, al representar a una mujer que, abandonando los convencionalismos, camina de noche a solas con sus pensamientos. Es este un planteamiento sorprendentemente romántico, probablemente inspirado en la admiración que Grimshaw sentía por la conmovedora poesía de lord Alfred Tennyson.


Grimshaw pinta un Londres industrial, que podría ser muy tétrico, con Jack el Destripador pululando por los callejones y cientos de delincuentes propios de una novela de Dickens, pero lo convierte en una ciudad amable y encantadora. Sus escenas de claros de luna resultaban más atractivas porque idealizaban estéticamente la era de la revolución industrial y sus calles desiertas no reflejaban el entorno de las fábricas donde se trabajaba a destajo. 

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