Que no se cansen
los árboles
de darme su sombra
de darte
su sombra
-su viento.
Que no canse
su mecer de cuerpos
que leen
¿qué leen?
para que –otra vez-
mis ojos, tus ojos,
repasen el cielo
lean
azul
azul celeste
azul eléctrico
tremendamente gris.
También mi voz
te diga algo.
Que la palabra
se asome,
asombre
cada vez,
todo eso
que nos rodea
que tanto
porque sí
nos habla.
Que aprendamos
a entenderlo,
alcanzar a comprender
y comprendernos.

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