Y desde adentro
se fue alzando
la claridad
enfundándolo todo
en su respuesta:
quizá le llamas vida
a un simulacro,
quizá nos desnudamos
en disfraces
ante espejos caníbales,
renunciando a este himno
de estar vivos.
Quizá somos un himno
que no necesita amo
ni patria ni señor.
Himno es canto
que enlaza
a un dios cualquiera
con quien le está cantando,
y eso somos:
no más que el tarareo
de un intérprete que trata
de prestarle melodía
a lo que en lengua muerta
sienten aún todos
los que pudimos ser,
fantasmas encerrados
en el cristal inquebrantable
de quienes sí seremos.

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