Recoger de la tierra
el asombro de un niño.
Tocar suelo.
Enraizarnos
para que nada nos doble
para que la rama
balancee la herida
pero no la parta.
Albergar
un corazón ligero
un corazón
afilado en la tarde
libre
sobre la sangre temerosa.
Un corazón
que sostenga el cuerpo
fuera del puño
fuera de la hendidura
blanca.
Un corazón
a punto
a bordo
a la intemperie.
Un corazón
como el sueño
de una abeja
entre pétalos calientes.

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