Rara vez vuelve
el brillo a los ojos
―medio ciegos del agua
y sus reflejos―
de quienes huyen
del infierno
y reciben
el silencio del mundo.
La miseria existe
y también los miserables,
cazadores furtivos
de los que escapan
despavoridos,
y niegan asilo
a los desesperados
que abandonan sus casas.
Aprenden que no hay
tierra prometida:
pero navegar hacia la niebla
siempre será mejor
que la muerte segura.
El Atlántico
oscuro de ahogamientos
y su resaca fantasma,
el Mediterráneo que se traga
esperanzas y miedos
¿dónde está
el multiplicador de peces?
¿nadie tuvo fe
para caminar sobre las aguas?
Espuma color sangre,
un fondo azul cementerio,
piélago con banderas
y olas de bolardos móviles
abren paso a un yate
con caviar iraní
pero no a una patera
de hambrientos.
Para esos a los que
llaman los Otros
depende de las corrientes
el trozo de océano
donde pierden el pulso
a la supervivencia
sin lápidas, sin historia,
sin refugio
donde solo las ballenas
lloran sus muertes.
Mientras, sin pudor
ni vergüenza
Europe’s living a celebration.

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