Cuando consigas
finalmente desprenderte
de lo poco que ahora sabes,
habrás recuperado
la constancia prenatal
de la sabiduría.
Y podrás reencontrarte
con ese lugar interior
que está conformado
por un conjunto
de platónicos reductos
del recuerdo,
ya por fin vaciados
de toda presunción
y desprovistos
del peligro que suponen
las verdades absolutas.
Es llegado a ese punto
cuando podrás exclamar
sin ánimo alguno
de presunción
y con absoluta
convicción presocrática,
de que en cuestión
de conocinientos,
lo único seguro es saber
que no se sabe nada.

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