domingo, 26 de junio de 2022

POESÍA: LAS CULPAS

 


Nada es como debería

haber sido,

es el signo de los tiempos.

Estamos acostumbrados

a condenar al colectivo,

pero nunca nos molestamos

a bajar al terreno individual,

ese que nos condenaría

al destierro

a cada cual con su carga

de desprestigio al hombro.


Si hubiera encontrado

la parte de verdad

que corresponde al entusiasmo,

el que subyace en la queja

como espada

colmada de herrumbre

y con niños

abrazados a su furia.

Si cuando menos tuviera

para ti un momento de virtud, 

eclipsada por la abulia tal vez,

y cuerpos premiosos

que ofrecen su esperanza

para hacer algo bueno con ella. 


Presumiblemente el tiempo

nos remitiría papeles

donde desprestigiar el embuste, 

es decir, este abandonado

ámbito en que yacemos

desde la renuncia

o los árboles secos,

esta melodía del adiós

que arranca y termina

de una sola dentellada

del tigre que más amamos.


Casi todo ha sido profanado

en nuestro descrédito.

Y a los rostros les abandonan

las sendas del otoño

y los lugares saturados

de espíritus, tan magníficos

en su connivencia para recordar

tiempos mejores,

tan dados a retrasar el porvenir,

o de nada se ha enterado

el ser humano

al que no hace falta

expulsar del paraíso

porque él mismo por su cuenta

ya se ha encargado

de destruirlo .


No comprendemos que el final,

el verdadero final,

es un paisaje arrancado

de nuestros ojos,

un niño que nos mira

sin entender

nuestra perseverancia

en cumplir con el oficio

de perseverar

en lo grotesco de la noche.


La culpa la tuvo el chachachá,

sin duda alguna.

O algún otro, que siempre

encontraremos un determinado

colectivo a quien señalar.

Nuestra capacidad

para la autocrítica

nunca nos ha llegado

ni a la zuela de los zapatos. 

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